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Yerba Mate

 

COSAS DE LA YERBA MATE


Tarefero:
es el obrero que se dedica a la “tarefa” (la cosecha de yerba), así como a los diferentes trabajos que deben realizarse a lo largo del año en la tarea me manutención permanente de los yerbales.

Ser tarefero: Es una forma de vida que, aunque muy sufrida, es también muy especial, porque es una cultura de vida heredada. Por lo general, casi toda la familia vive de este trabajo. El tarefero está ligado a la yerba mate, tanto por las circunstancias de la vida como por su mismo oficio. Ser tarefero implica trabajar en cuadrillas de cosecha como buscar un “adicional” por su propia cuenta; ser tarefero es ser práctico, y estar dispuesto a trabajar todo el día por un jornal ( una tarifa que se paga por cantidad de kilos cosechados o por labor realizada ) que suele ser magro.

La tarefa principal ( el acto de cosechar la yerba mate en los yerbales ), se realiza de manera uniforme entre los meses de junio y agosto–septiembre, habiendo una definitiva en diciembre–enero dedicada a cortes que dan forma a la planta, juntamente con tareas de limpieza de las mismas, eliminando ramas y gajos que están demás. La tarefa se acostumbra a realizar cuando llovizna, porque la humedad en la hoja le da más peso a la cosecha ( se lleva un detalle por tarefero de cuánto ha cosechado, porque a más peso, más pago, ya que se paga según los kilos de hoja verde cosechada ).

* La producción argentina de yerba mate asciende a entre 108 y 110 millones de toneladas al año. Parece una cifra exorbitante, pero ese es el tonelaje promedio anual. Sólo basta con saber las toneladas que transporta normalmente un equipo ( camión con acoplado, de seis ejes promedio ) o ver los depósitos ( grandes tinglados ) con bolsas de yerba mate canchada ( en proceso de estacionamiento ) casi llenos y hasta el techo, como para entender lo que representa la magnitud de tal cifra.

* El mate ha sido y es el mejor símbolo de argentinidad, hermandad, amistad, sencillez, apego a la tierra y nacionalidad sin diferenciaciones de nivel social, cultural o socio–económico, ya que lo toma desde el Presidente de la Nación, a un humilde ciudadano, desde un acaudalado empresario a un destacado científico, desde un estudiante al trabajador, desde un militar a un militante pacifista, desde un religioso a un ateo. El mate y quienes lo consumen, no tienen diferenciaciones; es lo que nos une. El mate es tan así como los argentinos, porque el Mate es Argentino.

* El mate ha estado presente en la historia de la Argentina desde el principio, con timidez muchas veces, figurando ya en los primeros documentos históricos (cuando apenas éramos una provincia del Virreinato del Perú y la capital de la misma estaba en Asunción con Hernandarias, Don Hernando Arias de Saavedra, como Gobernador), pasando por los primeros estudios científicos, de los jesuitas primero, y luego de exploradores y científicos franceses; en los insumos alimenticios de los soldados de las guerras de la independencia, en la alta burguesía y la sociedad humilde de la época de los caudillos del siglo XIX, la Guerra de la Triple Alianza, el arte pictórico del siglo XIX (muchas obras de Prilidiano Pueyrredón), las Campañas al Desierto, y mucho más.

* El mate siempre ha estado presente a lo largo de nuestra historia, de nuestra literatura (el “Martín Fierro”, el “Don Segundo Sombra”, el “Un viaje al país de los matreros”, en las obras de Cortázar, etc.); en lo social sin importar el nivel o grado de humildad o distinción (desde las personalidades y gente patricia o con el mayor grado adquisitivo, al obrero o peón y la comadre del barrio); en las artes (la orfebrería, la pintura, la literatura, la escultura, etc.); en los ejércitos de todas las épocas de la Argentina; en los gauchos (los reales y los de las Artes)…

* Durante mucho tiempo, tomar mate en público significaba ser alguien con “poco estilo”, con “poca distinción”, ser burdo, poco sofisticado, hasta algo croto y ordinario; porque, ¿cómo se iba a tomar mate en público?, eso era para “la doña del barrio o el don que salía a la vereda en camisetilla”, pero no para alguien que pudiera considerarse “gente bien”, aunque en la privacidad de su casa sí tomara mate, casi a escondidas, como si fuera un pecado y un menoscabo a su integridad humana hacerlo en público!!!. Se renunciaba así, voluntariamente, a un elemento autóctono, nacional, sano y fuente de orgullo, que nos daba sello de argentinidad, distinguiéndonos del resto del orbe. Por suerte hoy en día, esto se está revirtiendo y revalorizando como corresponde. El mate, la yerba mate, aún debe “crecer” mucho, para ocupar su justo y definitivo lugar en la gastronomía y la sociedad argentina.

* El mate en la educación argentina es tradicional en las universidades desde hace muchos años. Los estudiantes universitarios de casi todo el país, se podría decir que “viven a mate”. El tomar mate en el nivel medio, es algo muy, pero muy reciente; en Apóstoles (Misiones) se presentó un proyecto de Feria de Ciencias y ante la Banca del Pueblo en el Honorable Consejo Deliberante de Apóstoles, habiendo sido aprobado por unanimidad, lo que ha derivado en una sana costumbre en los colegios locales apostoleños primero, y luego en otros de la provincia, de tomar mate en el aula mientras se imparte clase, porque el alumno toma mate, tanto como el profesor, el preceptor, el personal de secretaría y de maestranza, y los directivos. Es que está probado que la yerba mate tiene muchas cualidades que benefician tanto a la salud como al intelecto.

 
 
 

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